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domingo, 3 de mayo de 2015

Solea Del Amor Indiferente



¿Rencores?... ¿Por qué rencores?
No le va a mi señorío
guardarle rencor a un río
que fue regando mis flores.

Tú me diste los mejores
cristales de tu corriente,
y no sería decente
maldecirte por despecho,
si sé que tienes derecho
a dar o negar la fuente.

Debo estarte agradecido
por tu generosidad;
tú me diste por bondad
lo que yo di por cumplido.

Me brindaste tu latido,
tu boca nunca besada,
tu carne nunca estrenada,
tus ojos siempre empañados
y los potros alocados
de tu amor en llamarada.

Me diste el beso primero
que es el que más atosiga,
y me diste la fatiga
de un cariño verdadero.

Me diste luna y estero,
tu corazón sin celaje,
me diste todo el encaje
de tu caricia en mi pelo,
y me regalaste el cielo
en tus ojos sin paisaje.

Por eso yo, bien nacido,
ni te odio ni te aborrezco,
al contrario, te agradezco
todo lo que me has querido.

No me importa si te has ido
con tu barca hacia otro mar,
que yo no te puedo odiar
por esa mala partida,
ya que odiar es, en la vida,
un cierto modo de amar.

Ni te vengas a mi lado
para pedirme perdón,
el perdón es la razón
de volver a lo pasado,
y lo pasado... acabado,
que pasó... porque pasó.
¡Déjame que viva yo
sin perdón y sin rencores,
porque... por más que me llores
lo nuestro ya se acabó!


Manuel Benítez Carrasco

viernes, 10 de abril de 2015

Como Dios Manda



Yo me casé por la iglesia,
me casé como Dios manda:
un ramito de azar
mustio sabre la solapa
santiguando los pecados
de un hombre que apunta canas.

Ella vestida de blanco
¡pureza certificada!
Un alfombra hasta la puerta,
organo, misa, campanas,
y un anillo de oro
con una fecha grabada.

Pero fué lo que Dios quiso
por esa cosas que pasan
entre hombres y mujeres
que nadie puede explicarlas.

Ella torció su camino
de la noche a la mañana...
no sé si fueron razones
o fué un cariño que abraza;
pero a nadie...a nadie deseo
ese tormento que mata.

La duda entre ceja y ceja
como un cuchillo clavada,
viendo irse de las manos
algo que se nos escapa.

Nunca le hice reproche
ni le dije una palabra,
pero yo lo presentía,
que el corazón nunca engaña;
y un día.....nos separamos
y aquí la historia se acaba.


Y más solo que la una
me quedé solo en mi casa
con un silencio de muerte
y las puertas empestilladas.

Lo que pasé, Dios lo sabe,
hay penas que nunca se acaban.

****************

Un día encontre´a la otra....
¡La otra!... esa palabra
que sin tener filo muerde
y sin ser cuchillo mata.

La otra.....una mujer de la calle
con un corazón de oro
y una vergüenza en la cara....

Un cariño recio y hondo
fuerte como una muralla
trabajadora y sencilla,
alegre, risueña, casta;
leona pa´defenderme
y una hormiga pa´la casa.

¡Y a esa le llaman la otra!
como una espina que daña...
¡y es la que sufre conmigo
y es la que seca mis lágrimas
y se funde en mi alegría
igual que el oro en la fragua!

¡Sí...yo me casé por la Iglesia
me casé como Dios manda...!
Ella vestida de blanco...
"pureza cerfifcada..."

La otra...ni se ha vestido de blanco
ni le han tocado campanas
ni le han prendido azahares
que a ella no le hacen falta
para ser pura y sencilla
como una fuente sellada...

Y aunque la llamen "la otra"
yo sé que es la mía ¡y basta!
Pero que nadie la toque,
nadie diga una palabra
que pueda ofender su nombre;
que nadie intente humillarla,
que me juego de hombre a hombre
y me mato cara a cara
con quien sea y donde sea.

Que si no tiene un anillo
con una fecha grabada,
yo le he regalado uno
con besos limpios, sin mancha,
y la he vestido de novia
con rayos de luna blanca...

Y aunque no es mi SEÑORA
ni le han tocado campanas
ni le han prendido azahares
Me quiere......¡como Dios manda!


Manuel Benítez Carrasco

martes, 13 de enero de 2015

Solea Del Amor Desprendido




«Mira si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río».


Y tú bien sabes por qué
tiré tu cariño al río:
porque era hebilla de esparto
de un cinturón de cuchillos; 
porque era anillo de barro
mal tasao y mal vendío,
y porque era flor sin alma
de un abril en compromiso,
que puso, en zarzas y espinas,
un fingimiento de lirios. 

Tiré tu cariño al río,
porque era una planta amarga
dentro de mi huerto lírico.

Tiré tu cariño al agua,
porque era una mancha negra
sobre mi fachada blanca.

Tiré tu cariño al río
porque era mala cizaña
quitando savia a mi trigo;

y tiré todo tu amor,
porque era muerte en mi carne
y era agonía en mi voz.

Tú fuiste flor de verano,
sol de un beso, luz de un día;
yo te cuidaba en mi mano,

y en mi mano te acunaba,
y tu, por pagarme, herías
la mano que te cuidaba. 

Pero al hacerlo, olvidabas
(tal vez por ingenuidad),
que te di mis sentimientos
no por tus merecimientos
sino por mi voluntad.

Yo no puse en compraventa
mi corazón encendío;
y has de tener muy en cuenta

que mi cariño no fue
ni comprao ni vendío,
sino que lo regalé.

Porque yo soy desprendío;
por eso te di mi rosa
sin habérmela pedío.

Porque yo soy desprendío
y doy las cosas sin ver
si se las han merecío.

Por eso te di mi vela,
te di el vino de mi jarro,
las llaves de mi cancela
y el látigo de mi carro.

Ya ves si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río.


Manuel Benitez Carrasco

jueves, 21 de agosto de 2014

Solea del Amor Generoso



"Todo es cuestión de hidalguía:
 tú me lo negaste todo
 yo te di cuanto tenía. "


Ni un suspiro a mi cuidado 
contestando a mi suspiro; 
fuiste de duro zafiro 
siendo de vidrio quebrado. 

Ni un rosal viejo y gastado 
merecí de tus antojos; 
sólo me diste despojos 
de tu zarzal y tu roca 
que me sangraron la boca 
y me cegaron los ojos.

Ni una mirada siquiera 
ni una palabra sencilla, 
ni siquiera la semilla 
de una sonrisa ligera. 

Cuando yo te daba entera 
mi flor de luna y de todo 
tú... pagabas a tu modo, 
y así, mientras mi hidalguía 
te daba cuanto tenía, 
te di mi templo y mis ritos, 
mi boca llena de gritos, 
mis ojos llenos de llanto, 
te di tanto... ¡tanto, tanto! 
que darte más no podía, 
y cuando ya no había 
nada en casa que pidieras, 
yo para que no dijeras 
tú me lo negabas todo. 

¿Qué te di? ¡Nada...! ¡Nada! 
Mi beso recién comprado 
y en la fragua del costado 
una hoguera desbocada. 
Te di mi huerta cercada 
llena de rosas y lirios, 
te di la voz y los cirios 
de mis noches en desvela, 
y un corazón sin cancela 
roto de tantos martirios. 

Te di mi risa y mi canto, 
te di la casa vacía. 
Pero... ¿para qué te digo 
cosas que no han de llegarte? 
Caña frágil que se parte 
no entiende de mi buen trigo, 
y ya ves: ni te maldigo. 
¿Para qué? Desde aquel día, 
tu bajeza y mi hidalguía 
se definen de este modo: 
Tú me lo negaste todo, 
yo te di cuanto tenía. 


Manuel Benitez Carrasco